Cognitivo · 1971
Terapia de solución de problemas (PST)
La competencia aumenta cuando los problemas difusos se convierten en metas definidas, alternativas diversas, decisiones razonadas y acciones sometidas a verificación.
La Terapia de Resolución de Problemas es una intervención cognitivo-conductual centrada en fortalecer la capacidad de afrontar de manera autónoma los problemas reales de la vida. Concibe la resolución de problemas sociales como un proceso cognitivo, afectivo y conductual mediante el cual la persona reconoce una discrepancia entre su situación actual y una situación deseada, define con precisión los obstáculos que impiden alcanzar la meta, genera alternativas, anticipa sus consecuencias, selecciona y planifica una respuesta, la ejecuta y verifica sus resultados. El sufrimiento se entiende en buena medida como resultado de transacciones problemáticas entre persona y ambiente, de una orientación negativa ante los problemas, de estilos impulsivos o evitativos, de déficits en habilidades específicas o de interferencias emocionales que impiden usar capacidades disponibles. La intervención combina enseñanza explícita, diálogo socrático, modelado, ensayo, autorregistro, tareas entre sesiones, retroalimentación y retirada gradual de la ayuda terapéutica para que la persona pueda actuar como su propia agente de cambio; puede utilizarse como tratamiento principal, componente de programas más amplios, estrategia de mantenimiento, prevención o manejo del estrés, y se adapta a problemas personales, interpersonales, familiares, laborales y de salud siempre que se distingan con claridad el proceso de descubrir una solución y las habilidades necesarias para llevarla a la práctica.
Teoría del cambio
La persona cambia al adquirir una orientación más positiva y un método transferible para definir, decidir, actuar y aprender de las consecuencias de los problemas reales.
Ideas fundamentales
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La competencia se mide por cómo se afrontan los problemas, no por su ausencia
La vida cotidiana produce dificultades inevitables y el éxito terapéutico no consiste en eliminar su aparición, sino en aumentar la capacidad para reconocerlas, formularlas, actuar y aprender sin generar cadenas adicionales de estrés y deterioro. Esta perspectiva desplaza el criterio desde la mera reducción sintomática hacia la competencia social y la autonomía frente a demandas nuevas. (D’Zurilla, 1986, Problem-Solving Therapy: A Social Competence Approach to Clinical Intervention).
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La resolución de problemas es un proceso cognitivo, afectivo y conductual
Resolver un problema implica procesar información, valorar control y consecuencias, experimentar y regular emociones, producir y elegir respuestas y ejecutarlas en el ambiente. Cualquier formulación exclusivamente intelectual queda incompleta porque una solución simbólicamente correcta puede fracasar por activación, motivación, habilidades o contingencias de la situación real. (D’Zurilla y Nezu, 1982, Social Problem Solving in Adults; D’Zurilla, 1986, Problem-Solving Therapy).
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Un problema es una discrepancia transaccional, no una propiedad fija de la persona
La situación se vuelve problemática cuando existe una distancia relevante entre el estado actual y el deseado y una respuesta eficaz no está disponible de inmediato. La discrepancia depende de demandas, recursos, metas, información, emociones y obstáculos, por lo que puede cambiar al modificar el ambiente, ampliar capacidades, reformular la meta o transformar la reacción ante lo inmodificable. (D’Zurilla y Goldfried, 1971, Problem Solving and Behavior Modification; Nezu, Nezu y D’Zurilla, 2007, Solving Life’s Problems).
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La orientación determina si las habilidades llegan a utilizarse
Reconocer el problema, atribuirlo a factores específicos y modificables, valorarlo como reto, percibir control realista y comprometer esfuerzo crea las condiciones para que funcionen las habilidades racionales. La amenaza, la autodescalificación, el pesimismo y la baja tolerancia a la frustración pueden bloquear a una persona técnicamente capaz y deben evaluarse como dianas propias. (D’Zurilla, 1986, Problem-Solving Therapy; D’Zurilla, Nezu y Maydeu-Olivares, 2002, SPSI-R Manual).
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Definir bien el problema es una intervención central
La recogida de hechos, la separación entre datos e inferencias, la identificación de obstáculos y la formulación de una meta concreta reducen ambigüedad y evitan trabajar sobre síntomas secundarios o problemas falsos. La definición puede cambiar por sí misma la valoración de amenaza y determina qué alternativas son relevantes y qué consecuencias cuentan como éxito. (D’Zurilla, 1986, Problem-Solving Therapy: A Social Competence Approach to Clinical Intervention).
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Generar y evaluar son operaciones distintas
La creatividad se protege separando una fase divergente, guiada por cantidad, aplazamiento del juicio y variedad, de una fase convergente de comparación y selección. Evaluar mientras se genera estrecha el repertorio, mientras que producir alternativas sin una decisión posterior deja el proceso incompleto; ambas operaciones son necesarias y cumplen funciones diferentes. (D’Zurilla y Goldfried, 1971, Problem Solving and Behavior Modification; D’Zurilla, 1986, Problem-Solving Therapy).
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La mejor solución maximiza un balance amplio de consecuencias
Una respuesta eficaz no se define solo por alcanzar una meta inmediata, sino por sus efectos emocionales, temporales, personales, interpersonales y a largo plazo. La evaluación sistemática evita que el alivio rápido, una única ventaja o la presión del momento oculten daños previsibles, falta de viabilidad o desplazamiento del problema a otras áreas. (D’Zurilla y Goldfried, 1971, Problem Solving and Behavior Modification; Nezu, Nezu y D’Zurilla, 2007, Solving Life’s Problems).
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Descubrir una solución y ejecutarla son competencias diferentes
La persona puede elegir correctamente una respuesta y no realizarla por ansiedad, falta de motivación, recursos insuficientes o déficit de habilidad. La terapia debe localizar el punto de ruptura e incorporar regulación, modelado, ensayo, apoyo ambiental o entrenamiento conductual, manteniendo la distinción para no atribuir toda dificultad a un fallo cognitivo o de voluntad. (D’Zurilla y Goldfried, 1971, Problem Solving and Behavior Modification; D’Zurilla, 1986, Problem-Solving Therapy).
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Las emociones son información y también pueden interferir
La emoción ayuda a detectar que existe un problema, orienta la importancia de las metas, moviliza esfuerzo, anticipa consecuencias y permite evaluar el resultado. Cuando la activación es excesiva o se organiza mediante atribuciones de amenaza, reduce atención y flexibilidad; por ello se regula lo necesario para recuperar capacidad de resolución y se conserva su información funcional. (D’Zurilla, 1986, Problem-Solving Therapy: A Social Competence Approach to Clinical Intervention).
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La acción y la verificación convierten una hipótesis en aprendizaje
La alternativa seleccionada sigue siendo una predicción hasta que se implementa y se comparan sus consecuencias reales con las esperadas. El autorregistro, la autoevaluación y el reciclaje permiten corregir el modelo del problema, mejorar la capacidad de anticipación y consolidar experiencias de dominio, de modo que un resultado parcial puede seguir produciendo aprendizaje clínicamente valioso. (D’Zurilla, 1986, Problem-Solving Therapy; Nezu, Nezu y D’Zurilla, 2007, Solving Life’s Problems).
Influencias
- Modificación de conducta
- Aprendizaje social
- Terapia cognitivo-conductual
- Autocontrol
- Teoría transaccional del estrés y afrontamiento
- Competencia social
- Pensamiento divergente y creatividad
- Brainstorming
- Teoría de la decisión
- Autoeficacia
Referencias principales
- D’Zurilla, T. J., & Goldfried, M. R. (1971). Problem solving and behavior modification. Journal of Abnormal Psychology, 78(1), 107–126. https://doi.org/10.1037/h0031360
- D’Zurilla, T. J. (1986). Problem-Solving Therapy: A Social Competence Approach to Clinical Intervention. Springer Publishing Company. ISBN 0-8261-5680-0.
- D’Zurilla, T. J., & Nezu, A. M. (1982). Social problem solving in adults. In P. C. Kendall (Ed.), Advances in Cognitive-Behavioral Research and Therapy (Vol. 1, pp. 202–274). Academic Press.
- D’Zurilla, T. J., & Nezu, A. M. (1990). Development and preliminary evaluation of the Social Problem-Solving Inventory. Psychological Assessment, 2(2), 156–163.
- D’Zurilla, T. J., Nezu, A. M., & Maydeu-Olivares, A. (2002). Manual for the Social Problem-Solving Inventory-Revised (SPSI-R). Multi-Health Systems.
- Nezu, A. M. (2004). Problem solving and behavior therapy revisited. Behavior Therapy, 35(1), 1–33.
- Nezu, A. M., Nezu, C. M., & D’Zurilla, T. J. (2007). Solving Life’s Problems: A 5-Step Guide to Enhanced Well-Being. Springer Publishing Company. ISBN 0-8261-1489-X.