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Humanista · 1947

Terapia de Juego Centrada en el Niño

El niño reorganiza su experiencia cuando puede jugar libremente en una relación aceptante, segura y emocionalmente responsiva.

La Terapia de Juego Centrada en el Niño, desarrollada por Virginia M. Axline, adapta los principios de la terapia centrada en la persona al trabajo clínico con niños y sitúa el juego como el lenguaje natural mediante el cual el niño expresa, simboliza, regula e integra su mundo emocional. Se basa en un enfoque no directivo que confía en la tendencia del niño hacia el crecimiento, la autodirección y la autorregulación cuando encuentra una relación terapéutica cálida, aceptante, permisiva y sostenida por límites claros. El terapeuta no dirige el contenido del juego, no interpreta desde fuera ni corrige la experiencia infantil, sino que prepara un espacio seguro, sigue la iniciativa del niño, refleja sentimientos, reconoce esfuerzos, devuelve responsabilidad y mantiene un encuadre consistente para que el niño pueda desplegar conflictos, deseos, temores y recursos en forma simbólica. El cambio se produce al vivir una experiencia relacional en la que el niño puede mostrarse sin ser juzgado, explorar sin ser invadido y descubrir gradualmente modos más integrados de sentirse, elegirse y confiar en sí mismo (Axline, 1947; Axline, 1964).

Teoría del cambio

El niño cambia cuando una relación terapéutica aceptante y no directiva le permite expresar, simbolizar y regular su mundo emocional mediante el juego.

Ideas fundamentales

  1. El juego es el lenguaje clínico del niño

    Axline sitúa el juego en el centro de la terapia porque el niño expresa a través de acciones, personajes, escenas y repeticiones aquello que todavía no puede formular con lenguaje adulto. La sesión se organiza para que ese lenguaje pueda desplegarse sin ser colonizado por preguntas, instrucciones o interpretaciones prematuras. El juego permite simbolizar emociones, ensayar control, representar vínculos, descargar tensión y transformar escenas internas dentro de un espacio protegido (Axline, 1947).

  2. La relación aceptante activa la capacidad de crecimiento

    El modelo confía en que el niño posee una tendencia al crecimiento que puede reactivarse cuando encuentra una relación terapéutica cálida, respetuosa y emocionalmente disponible. La aceptación del terapeuta no es una actitud decorativa, sino la condición clínica que permite que el niño se muestre sin defenderse constantemente de la evaluación adulta. En esa experiencia relacional, el niño puede reconocer aspectos de sí mismo que antes estaban evitados, castigados o desorganizados (Axline, 1947; Rogers, 1951).

  3. La no directividad protege la iniciativa del niño

    La no directividad expresa la decisión técnica de no convertir al terapeuta en director del juego ni del significado. El niño elige temas, materiales, ritmo e intensidad, mientras el terapeuta acompaña, refleja y sostiene el marco. Esta posición evita que la sesión reproduzca la subordinación del niño al mundo adulto y crea una experiencia de autodirección donde la iniciativa infantil se vuelve terapéuticamente significativa (Axline, 1947).

  4. Reflejar sentimientos organiza la experiencia emocional

    El reflejo de sentimientos permite que el niño escuche una formulación sencilla de lo que está expresando de forma conductual o simbólica. La intervención no interpreta causas ni corrige emociones, sino que ayuda a diferenciar, nombrar y tolerar la experiencia afectiva. Al sentirse comprendido, el niño puede permanecer más tiempo en contacto con la emoción sin desbordarse ni retirarse defensivamente (Axline, 1947).

  5. La permisividad terapéutica necesita límites reales

    La libertad de juego no equivale a ausencia de encuadre. Axline formula una permisividad amplia para la expresión emocional, sostenida por límites mínimos cuando es necesario proteger al niño, al terapeuta, a los materiales o la realidad de la situación. Esta combinación de libertad y límite permite que el niño experimente aceptación emocional junto a responsabilidad, autocontrol y seguridad (Axline, 1947).

  6. El niño conserva responsabilidad sobre su proceso

    El terapeuta evita resolver por el niño aquello que el niño puede elegir, probar o descubrir dentro de la sesión. Devolver responsabilidad no significa abandonar, sino confiar en su capacidad de dirección y ofrecer una relación donde sus decisiones tienen lugar y consecuencias. La experiencia repetida de elegir dentro de límites seguros favorece agencia, competencia y confianza en sí mismo (Axline, 1947).

  7. El proceso no debe acelerarse desde la ansiedad adulta

    Axline insiste en que el cambio infantil requiere tiempo y que el terapeuta no debe apresurar al niño hacia verbalizaciones, insight o conductas esperadas. La repetición del juego, el silencio, la oscilación entre acercamiento y retirada y la transformación lenta de escenas pueden formar parte del proceso terapéutico. Respetar el ritmo del niño preserva seguridad y evita que la terapia se convierta en otra exigencia adaptativa (Axline, 1947; Axline, 1964).

  8. La autoimagen cambia mediante experiencia, no mediante instrucción

    El niño no desarrolla seguridad personal porque el terapeuta le explique que debe valorarse, sino porque vive una relación donde sus sentimientos son aceptados, sus decisiones son respetadas y sus esfuerzos son reconocidos sin juicio. El self se fortalece a través de experiencias repetidas de competencia, libertad, límite y continuidad. La terapia produce así una reorganización vivida de la autoimagen más que una enseñanza verbal sobre autoestima (Axline, 1947; Axline, 1964).

  9. El terapeuta interviene con disciplina de presencia

    La aparente sencillez del modelo exige una disciplina clínica rigurosa: observar sin invadir, reflejar sin interpretar, aceptar sin abandonar límites, permanecer sin dirigir y confiar sin pasividad. El terapeuta realiza un trabajo técnico continuo de contención, sintonía y autocontrol para que el proceso siga perteneciendo al niño. La calidad de la presencia terapéutica es, por tanto, el instrumento principal del modelo (Axline, 1947; Landreth, 2012).

Influencias

  • Terapia centrada en la persona
  • Terapia centrada en el cliente
  • Psicología del desarrollo
  • Educación humanista
  • Epistemología genética
  • Terapia no directiva de Carl R. Rogers
  • Movimiento de orientación infantil y child guidance
  • Psicoterapia humanista

Referencias principales

  • Axline, V. M. (1947). Play Therapy. Boston: Houghton Mifflin.
  • Axline, V. M. (1964). Dibs in Search of Self. Boston: Houghton Mifflin.
  • Rogers, C. R. (1942). Counseling and Psychotherapy: Newer Concepts in Practice. Boston: Houghton Mifflin.
  • Rogers, C. R. (1951). Client-Centered Therapy. Boston: Houghton Mifflin.
  • Landreth, G. L. (2012). Play Therapy: The Art of the Relationship (3rd ed.). New York: Routledge.