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TU MENTOR · ATLASAtlas de la psicoterapia
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Epistemologías · 1985

Construccionismo social

El construccionismo social desplaza el centro de gravedad desde la mente individual hacia los procesos relacionales, discursivos e históricos mediante los cuales las personas y las comunidades producen significados compartidos. No parte de la idea de que los problemas psicológicos sean entidades internas fijas que el terapeuta debe descubrir, sino de que muchas formas de sufrimiento se organizan, estabilizan o transforman en conversaciones, narrativas, categorías diagnósticas, instituciones, relaciones de poder y modos culturalmente disponibles de nombrar la experiencia. Este marco no niega que existan cuerpos, emociones, dolor, vínculos o acontecimientos materiales; lo que cuestiona es que su significado clínico pueda separarse de los contextos lingüísticos y sociales en los que son interpretados. Una experiencia como la ansiedad, la tristeza, el trauma, la dependencia o el conflicto familiar no aparece clínicamente como un dato bruto, sino como una experiencia ya situada dentro de historias, expectativas, etiquetas, posiciones relacionales y discursos sobre lo normal, lo patológico, lo deseable o lo posible. En psicoterapia, el construccionismo social fundamenta buena parte de las terapias narrativas, colaborativas, conversacionales, postmodernas y centradas en soluciones. Estas prácticas tienden a entender la terapia como un espacio de co-construcción de significado, no como una operación técnica en la que un experto aplica desde fuera una verdad objetiva sobre el paciente. El terapeuta funciona más como interlocutor, facilitador de diálogo, testigo reflexivo o coautor de nuevas posibilidades discursivas que como observador neutral que revela una estructura oculta de la mente. Su aportación principal a la clínica es hacer visible que los problemas no solo se viven, sino que también se narran, se nombran, se negocian y se sostienen socialmente. Por eso, el cambio clínico se comprende como apertura de nuevas descripciones, nuevas posiciones subjetivas, nuevas conversaciones y nuevas formas de relación que permiten a la persona dejar de estar capturada por historias dominantes, identidades deficitarias o categorías rígidas. El matiz importante es que el construccionismo social no debe confundirse con un relativismo simple según el cual cualquier relato vale lo mismo o nada tiene consistencia fuera del lenguaje. Su uso clínico riguroso exige atender tanto a los discursos como a sus efectos concretos en la vida de las personas: qué posibilidades abren, qué posibilidades cierran, qué relaciones legitiman, qué identidades producen y qué formas de agencia permiten.

Referencias principales

  • Gergen, K. J. (1985). The social constructionist movement in modern psychology. American Psychologist.
  • Gergen, K. J. (1991). The Saturated Self: Dilemmas of Identity in Contemporary Life.
  • Gergen, K. J. (1994). Realities and Relationships: Soundings in Social Construction.
  • Shotter, J. (1993). Conversational Realities: Constructing Life through Language.
  • Harré, R., & Gillett, G. (1994). The Discursive Mind.
  • McNamee, S., & Gergen, K. J. (Eds.). (1992). Therapy as Social Construction.
  • Anderson, H., & Goolishian, H. A. (1992). The client is the expert: A not-knowing approach to therapy.
  • Anderson, H. (1997). Conversation, Language, and Possibilities: A Postmodern Approach to Therapy.
  • White, M., & Epston, D. (1990). Narrative Means to Therapeutic Ends.
  • Andersen, T. (1991). The Reflecting Team: Dialogues and Dialogues about the Dialogues.